HUGO BARRANCO TAREA 1 SESIÓN 3

domingo, 24 de julio de 2011

DÉCIMA

Ella cayó de la cama

Estrelló su dura vida

una imaginación roja

brotó en la cabeza abierta

Una vez libres sus ideas

Tuvo la situación clara

Tras el borde hay mucho dolor

De segunda lección aprendió

Niños a la corte celestial

No van, y en su lugar: hospital


TAREA 2 Cuento

Segundo conflicto: personaje contra la sociedad

Otra vez sabotearon el reloj checador. Miserables tardistas. Toda su vida serán tercermundistas, y yo tratando de mejorar sus vidas. Cuántas veces les he dicho: la puntualidad puede cambiar nuestras jodidas vidas. Pero se les olvida.

Pero ahora sí, hoy tengo que descubrir al terrorista, porque eso es lo que es, un maldito terrorista. Esta vez no se va a quedar impune, mira que retrasar el reloj cinco minutos, y tres veces por semana, no, como va a ser: me están viendo la cara estos ojetes. Pero también la compañía tiene la culpa; ya les dije que pongamos un reloj automatizado, controlado sólo desde mi computadora, pero recibo evasivas que le dan largas al asunto.

Yo sé quién es el saboteador, pues por eso soy su jefe y soy mucho más listo, pero antes de ponerlo de patitas es la calle, quiero ser cauto y evitar cualquier equivocación. En el piso trabajan nueve personas a mi cargo: dos de limpieza, a las cuales descarto porque no tienen ningún interés en el asunto; dos mensajeros: Pedro y Armando; un jefe de piso: Juan Manuel, él no puede ser porque goza de mi confianza absoluta y cada vez que tiene un retardo, sabe que puede contar conmigo; finalmente, Lupe, Marcia, Toñita y Laura.

He ido eliminando todas las posibilidades y concluí que el culpable se halla entre Marcia, Armando y Laura. Hoy preparé un cuatro para desenmascarar al delincuente. Toñita, una viejecita a punto de jubilarse no puede andar haciendo a su edad esas triquiñuelas; Lupe, tan atenta y obediente, no se prestaría a rebeldías estúpidas, porque en el fondo lo hacen por eso por rebeldía; Pedro llegó aquí como mi recomendado y ni modo que muerda la mano que lo alimenta. Todo queda entre los tres granujas.

He hecho vigilar el checador por Juan Manuel y me informó que nadie se acercó a él. La única posibilidad que queda es la hora de comida; pero me quedé toda la hora en mi oficina y teniendo la puerta abierta, se observa el reloj. Tampoco en este momento se modificó el horario.

Ahora todo se reduce a un momento: la hora de salida. No puede fallar. Ya cuando todos checaron, yo seguía en mi oficina, aunque me cuide de hacer notar mi salida media hora antes so pretexto de un compromiso. Uno a uno fueron checando y, cuando terminó el último, me cercioré que el reloj marcará las seis y cuarto.

Apagué todas las luces y dejé iluminado el pequeño vestíbulo donde se encontraba el reloj. Me agazapé lo mejor que pude y esperé. Cuando oí que alguien ingresó al piso me apresté a saltar sobre él. Y como imaginé: se detuvo sobre el checador y comenzó a manipularlo restando cinco minutos. Estuve a punto de caerle a patadas porque recordé que todos los días tenía yo que corregir el reloj.

¡Licenciado Montaño, que sorpresa verle a esta hora ―y dándome un apretón de manos y un fuerte abrazo agregó―, justo con usted quería hablar.

―Usted dirá para qué soy bueno ―dije sin reponerme de la sorpresa, pero lo que me dijo, me sorprendió aún más.

­―Alguien ha estado alterando el reloj y los socios han tenido que enviar a alguien a arreglarlo. En este caso me ha tocado a mí, pero no siempre hemos de hacer este trabajo.

―Pero se supone que el reloj tenga que estar puntual y no retrasado cinco minutos.

―En efecto, pero tenemos algunos compromisos que cumplir y, ante la imposibilidad de la gente de llegar a tiempo, tenemos que cumplir nuestro compromiso con la imagen de la compañía. Recuerde que nuestra empresa está siendo evaluada para obtener el iso 9004.

―¿Y cómo se supone que se enteran los auditores de la hora en que checan mis empleados? ―pregunté con furor.

―Toñita nos hace el favor de llevar y pasarnos el registro. Y ella es una persona incorruptible y los auditores, basándose en sus antecedentes, pidieron que ella los elabore. Cómo comprenderá Lic., ningún empleado puede alterar el checador, así que usted en lo sucesivo, tendrá que asegurarse que ningún retardo llegue al registro de Toñita. Y por favor, sea discreto con sus empleados y, en especial con Toñita.

Después de despedirse amable, el director de zona, y por ende mi jefe inmediato, me recomendó seguir aplicando el reglamento con disciplina y energía, sobre todo, mucha energía.



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