1.Sólo quien entra en literatura como se entra en religión,
dispuesto a dedicar a esa vocación su tiempo, su energía, su
esfuerzo, está en condiciones de llegar a ser verdaderamente
un escritor y escribir una obra que lo trascienda.
2.No hay novelistas precoces. Todos los grandes, los admirables
novelistas, fueron, al principio, escribidores aprendices cuyo
talento se fue gestando a base de constancia y convicción.
4.En toda ficción, aun en la de la imaginación más libérrima, es
posible rastrear un punto de partida, una semilla íntima,
visceralmente ligado a una suma de vivencias de quien la
fraguó. Me atrevo a sostener que no hay excepciones a esta
regla y que, por lo tanto, la invención químicamente pura no
existe en el dominio literario.
6.En esto consiste la autenticidad o sinceridad del novelista: en
aceptar sus propios demonios y en servirlos a la medida de sus
fuerzas.
7.El novelista que no escribe sobre aquello que en su fuero
recóndito lo estimula y exige, y fríamente escoge asuntos o
temas de una manera racional, porque piensa que de este
modo alcanzará mejor el éxito, es inauténtico y lo más probable
es que, por ello, sea también un mal novelista (aunque alcance
el éxito: las listas de bestsellers están llenas de muy malos
novelistas).
8.La mala novela que carece de poder de persuasión, o lo tiene
muy débil, no nos convence de la verdad de la mentira que nos
cuenta.
9.La historia que cuenta una novela puede ser incoherente, peroel lenguaje que la plasma debe ser coherente para que aquellaincoherencia finja exitosamente ser genuina y vivir.
12.Para contar por escrito una historia, todo novelista inventa a un
narrador, su representante o plenipotenciario en la ficción, él
mismo una ficción, pues, como los otros personajes a los que va
a contar, está hecho de palabras y sólo vive por y para esa
novela.
13.El de las novelas es un tiempo construido a partir del tiempo
psicológico, no del cronológico, un tiempo subjetivo al que la
artesanía del novelista da apariencia de objetividad,
consiguiendo de este modo que su novela tome distancia y
diferencie del mundo real.
aunque muchas veces no sea muy notorio, los tres son
esencialmente autónomos, diferentes uno de otro, y que de la
manera como ellos se armonizan y combinan resulta aquella
coherencia interna que es el poder de persuasión de una
novela.
15.Si un novelista, a la hora de contar una historia, no se impone
ciertos límites (es decir, si no se resigna a esconder ciertos
datos), la historia que cuenta no tendría principio ni fin