viernes, 5 de marzo de 2010

A Catarino se le hizo sumamente extraño que Dave le pidiera que documentara los actos que a su juicio estaban fuera de lugar y que por escrito se los mandara por correo electrónico a su atención. Siempre habían comentado acerca del estilo gerencial de Luis, Cierto Dave su estilo es muy sui generis pero al fin y al cabo obtiene resultados. Dave levantaba los hombros y simplemente asentía, pero en esa ocasión fue más allá: Pero las cosas están cambiando en el corporativo, ahora se quieren estilos gerenciales acordes a los tiempos modernos, la “dedocracia” pasó de moda, hoy un estilo gerencial participativo es lo adecuado.

Una vez que vio partir al grupo del corporativo que había venido a la revisión de resultados del tercer trimestre, fue a comentar con el resto del equipo gerencial lo raro de la petición de Dave. Después de una serie de comentarios con respecto a la visita corporativa, le dijo a Polo, que era el gerente de ventas, que Dave le pidió que le mandara por escrito los comportamientos arbitrarios de Luis. Polo le respondió que a él su jefe le había pedido lo mismo, lo que les pareció muy raro. Por lo cual decidieron ver a los demás. George comentó que no sólo se lo pidieron, John se lo exigió. Y los tres marcharon hacia la oficina del gerente de finanzas de nombre Paco, quien comentó en resumidas cuentas lo mismo pero le latía que se querían chingar a Luis. Como ya era tarde y después de una serie de comentarios que rayaban en lo mismo, los cuatro gerentes se subieron a sus autos y se fueron a sus respectivas casas.

Por el camino Catarino iba meditando sobre los acontecimientos de los dos últimos días y llegó a la conclusión, No hay duda, el corporativo se quiere atorar a Luis, quien era el Gerente General de la Compañía para la que trabajaba Catarino y los otros tres gerentes. Y tomó la decisión de que eso no era justo, si querían despedir a Luis, que lo hicieran, pero él no iba a permitir que se valieran de ellos para justificar el despido.

Sus sospechas ya no fueron más un acertijo, ya que Dave le pidió una reunión en las oficinas corporativas al día siguiente. Cuando llegó a la cita fue Willie quien lo recibió. Willie era el jefe de Dave. Lo hizo pasar a la oficina y ahí, sin preámbulo de ninguna especie se la soltó, Catarino, queremos deshacernos de Luis y hemos pensado en ti como un posible candidato para su reemplazo, pero necesitamos toda la evidencia que ayude a la justificación del despido, y es ahí donde cobra importancia el que ustedes reporten todas las anomalías. Los segundos que transcurrieron entre lo dicho por Willie y lo que Catarino tuvo que pensar fueron eternos; Willie, la oferta es tentadora, Catarino ante todo era un hombre a carta cabal y nunca se prestaría a tal bajeza, pero si quieren despedir a Luis, aunque se lo merezca, háganlo con sus propios argumentos y no quieran usar los nuestros, además, lo pensó y dijo, si había de llegar a la gerencia general sería por la vía de la promoción basada en méritos y no por una cochinada y añadió, no gracias. Willie se quedó sin habla y se concretó en pedirle a Catarino que se retirara.

De regreso a la Compañía, Catarino sólo pensaba en lo sucedido y sabía que enfrentarse al corporativo era peligroso, pero no le importó y se dijo a sí mismo, mi integridad no está en venta. De inmediato se comunicó con los otros gerentes y los citó a una reunión en su propia casa. Ahí, “firmaron pacto de sangre” y ninguno jamás mandó reporte por escrito sobre Luis.

Nada pasó, Luis siguió siendo el gerente general por muchos años más. Del tema jamás se volvió a hablar. Algo cambió, Catarino y el resto de gerentes dejaron claro que su integridad no tenía precio.

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