Narración, y décima. Débora

miércoles, 3 de marzo de 2010

¿Entonces como puedes decir que eres mexicana? Hefziba sonríe con fastidio. Soy mexicana porque nací en México, mis padres son mexicanos y mis abuelos también. Pero no eres guadalupana ni pones ofrenda para los muertos, esas cosas nos definen culturalmente, podrías ser atea pero no anti guadalupana. No pensó que tuviera que explicarlo toda la vida, ¿la primaria, secundaria y prepa no habían sido suficientes? Al final resulta que los universitarios no eran esos seres críticos y abiertos que ella imaginaba. ¿No estás orgullosa de tus raíces? No tienes tradiciones, pareces extranjera. ¿Cuáles raíces? ¿Las que nos impusieron un ícono de sumisión? ¿O la otra, la de los indígenas mexicas que por cierto no eran cristianos, ni guadalupanos, sino que buscaban en la nueva diosa a Tonantzin? Sabía que la discusión era inútil. No existe poder alguno en contra de la intolerancia. Llevaba años siendo excluida, por su nombre raro que no empezaba con María, por no llevar panes ni dulces el día de muertos, por no ir a las misas de fin de curso, por no vestirse de indita los doces de diciembre.

Además, a estas alturas ¿qué significa ser mexicano? Hefziba asiente con la cabeza, el rojito del grupo sale al quite. Las tradiciones, y sobre todo las religiosas, no son sino el freno que mantiene jodido este país. Ahí vas tú, y viva el peje y las abortistas. Sí y también las bodas gay. Que sensación de no pertenencia. No es guadalupana, pero tampoco estaba a favor del aborto, tiene amigos gays pero no entiende porque se empeñan en formar un vínculo que es tan contrario a su estilo de vida, no es pejista, pero tampoco panista ni priísta.

De la religión a la política, que hueva, vamos mejor al cafecito ¿no? La oferta es más interesante que escuchar la discusión de Fátima y Lenin. Hefzi emprende la graciosa y sutil huída. Si alguien los viera de espalda pensaría que los dos son del mismo sexo, aunque no podría precisar de cual. Dos cabelleras largas y rastudas, dos cuerpos flacos vistiendo pantalones de manta y camisetas simples de algodón. Él es lo más parecido a mí, pensó Hefzi. Ya que estamos acá ¿quieres un churro? No, gracias. Ándale, es buena. No, nunca lo he hecho. Pos ya es tiempo mi reina. No, de verdad. Uy pos que mocha.


Décima

Lascivos nadan los peces

Ignoran que no son agua

Confunden cola y enagua

Nadando junto a sus heces

Las manos se vuelven preces.

Nadamos cuerpos de hada

Peceras para gigantes

Nos cubren las dudas antes

De ver el alma alterada

Sabiendo que ya no es nada.


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